Consumo

Información en la etiquetaPara el consumo de queso artesano, se pueden seguir los siguientes consejos. Para empezar, todo queso debe tener su correspondiente etiqueta con la denominación de la quesería y los datos de la ganadería asociada. Debe incluir la leyenda «elaborado a base de leche cruda y/o pasteurizada…» y se especifica la especie: vaca, cabra, oveja…

Entre sus ingredientes solo deben figurar la leche cruda, cuajo, sal y, en ocasiones, fermentos lácticos. La etiqueta debe expresar, en un lugar visible, la fecha de elaboración y el tipo de queso: si es curado, tierno, etc.

Además, debe aparecer bien claro su número de registro sanitario. Tras la entrada en vigor del Reglamento (UE) 1169/2011, también añade la información sobre alérgenos (leche) e intolerancias (presencia de gluten en las coberturas de quesos con gofio, por ejemplo) e información nutricional. Los elementos que se deben declarar de forma obligatoria son: el valor energético, las grasas, las grasas saturadas, los hidratos de carbono, los azúcares, las proteínas y la sal.

En el comercio debe comprobarse que el queso está expuesto en lugar adecuado, fresco o refrigerado, y alejado de olores fuertes o fuentes de calor.

En casa

Para un buen disfrute en el consumo y conservación conviene seguir algunas recomendaciones:

  • Conservar el queso en el mínimo número de trozos para que este no se reseque.
  • Guardar los quesos frescos en recipientes sellados y a 4 °C.
  • Los quesos semicurados o curados deben conservarse a 12-14 °C, en zonas frescas como cuevas o bodegas. En caso de no disponer de un lugar con esas condiciones, guardar en la parte menos fría de la nevera y tapar con un apósito mojado en agua y sal. También se pueden conservar untados en aceite, gofio o pimentón.

Consejos para el consumo

Consumo en casaPara el consumo, el queso se debe sacar del frío una o dos horas antes y en la cantidad que vayamos a gastar, así toma la temperatura ambiente (20-22 °C) y recupera sus características organolépticas.

En Gran Canaria existe infinidad de variedades con las que se puede preparar una tabla con una selección de ellos.

Esta variedad procede del distinto origen de la leche y modo de elaboración y curado, pero también hay variaciones debidas a la zona de producción y a su clima, al tipo de explotación, a la metodología de la producción.

Para acompañar una tabla de quesos, hay infinidad de productos que pueden combinar: las manzanas ayudan a refrescar el paladar, ideal tras degustar quesos fuertes; las uvas, las moras y otras frutas similares realzan el color de la tabla.

Además, la combinación con mermeladas da un toque de elegancia y, a su vez, contrastes atractivos. Las frutas desecadas (orejones, higos) vienen muy bien con todo tipo de quesos y los frutos secos (pistachos, almendras, etc.) se prestan para quesos curados.